Cómo conseguir el ambiente de trabajo más apropiado

Diseñar un ambiente de trabajo, sea una oficina, un centro de producción, un taller o un punto de venta, no es simplemente distribuir los espacios, la maquinaria y los muebles de manera coherente y estética como en los catálogos. Cada vez se da más importancia al factor humano. De ahí que, junto a un buen aprovechamiento de los espacios y una utilización racional de los recursos, se tengan en cuenta el confort y el bienestar de los trabajadores. Por ello, este tipo de diseño debe estudiar múltiples aspectos técnicos y logísticos: orientación, distribución y circulación en los espacios, materiales, ergonomía, seguridad, iluminación, acústica, color, confort, climatización, telemática, comunicaciones, imagen corporativa, etc. Algunos estudios han corroborado que estos aspectos influyen mucho en el rendimiento de los trabajadores.

Los principales aspectos que ha de considerar el diseño de los espacios de trabajo son:

  • La distribución de los espacios, los muebles (por ejemplo, incluyendo armarios a medida), la maquinaria, el equipamiento y los equipos de seguridad.
  • La organización del trabajo, incluyendo jerarquías, turnos, procesos y cadenas de producción.
  • Las condiciones ambientales relacionadas con la iluminación, la acústica, la ventilación, la temperatura, la humedad y la limpieza.
  • Los trabajadores, el esfuerzo físico y mental que deben desarrollar, la concentración que necesitan, su experiencia y conocimientos técnicos, etc. El diseño ergonómico trata de conseguir un ajuste más adecuado entre los requerimientos del trabajo y las aptitudes del trabajador.

El acondicionamiento de los espacios de trabajo se puede encargar a una empresa de reformas, pero también existen firmas especializadas en el diseño y la construcción de este tipo de ambientes en Madrid, Barcelona o cualquier ciudad de España con este tipo de demanda.

La iluminación

Uno de los factores que tienen más importancia en el diseño de los ambientes de trabajo es la iluminación. La elección de un sistema de iluminación adecuado es básica para garantizar una buena percepción visual. La luz es determinante para la agudeza visual y la correcta percepción de los colores. Según el tipo de tarea a realizar se requerirá un nivel de iluminación determinado del puesto de trabajo. Una iluminación no adecuada puede provocar fatiga visual.

Además, la luz afecta al funcionamiento de los sistemas biológicos del hombre. La falta de luz solar no solo afecta negativamente al estado de ánimo, sino también a su capacidad para procesar información, por lo que ha de sustituirse por una iluminación artificial de calidad en el puesto de trabajo cuando no se pueda disponer de ella.

Si se cuenta con iluminación natural, las ventanas han de permitir la visión del exterior y contar con elementos de protección regulables para que la luz natural no deslumbre ni los rayos de sol incidan directamente sobre el personal, provocando un calor excesivo. En este sentido, los cerramientos acristalados y los toldos y persianas se han de utilizar siguiendo estos criterios.

Los puntos de luz de la iluminación artificial han de estar equipados con difusores que impidan ver directamente las lámparas. Las luminarias deben colocarse de modo que la reflexión de la luz por ellas proyectadas coincida con el ángulo de visión del trabajador. Asimismo, hay que evitar los contrastes entre la iluminación general y la dirigida. Los tubos fluorescentes son especialmente adecuados como iluminación semindirecta para salas claras y no muy altas. En estos casos, para evitar el deslumbramiento, se utilizan difusores o paneles con reticulado. Para facilitar la visión y evitar los reflejos, las superficies de trabajo no estarán hechas con materiales brillantes ni colores oscuros.

Los niveles de iluminación adecuados dependen del tipo de actividad que se realice. Por ejemplo, para lectura continuada o trabajos que requieran discriminar pequeños detalles se necesita una iluminación de 500 lux, como mínimo. Para trabajos que presentan una exigencia moderada para la vista, basta con una iluminación por encima de los 300 lux. Existen tiendas de iluminación en Madrid, Barcelona y muchas otras ciudades que nos pueden asesorar sobre los puntos de luz más adecuados para cada espacio de trabajo.

Los colores

La distribución de las luces guarda también relación con los colores de los espacios de trabajo, ya que cada uno de ellos tiene un coeficiente de reflexión diferente. La percepción de los colores depende de la iluminación. Cuando cambia esta, también se modifica la gama de colores percibida.

Además, se sabe que cada color produce un efecto psicológico determinado sobre el personal, por lo que su elección tiene que estar relacionada con el tipo de tarea que se va a realizar. Los colores dinámicos reducen el absentismo laboral y la fatiga ocular. En cambio, en los ambientes grises, el trabajo se hace más pesado y se sufre más fatiga visual. Por lo tanto, este aspecto no se puede dejar solo en manos de un pintor.

Se ha comprobado que los colores cálidos, como rojo, naranja y amarillo, generan más energía y creatividad, pero también mayor agresividad, ya que son estimulantes. Por ejemplo, son frecuentes en los restaurantes de comida rápida. En cambio, dificultan la concentración, la tensión y la cooperación en las oficinas abiertas o en los trabajos en equipo.

Por el contrario, los colores frescos, como verde, azul y púrpura, relajan el ambiente y favorecen la concentración y el trabajo en equipo. De hecho se emplean frecuentemente en los spas y resultan útiles para tranquilizar a los empleados sometidos a fuerte estrés. No obstante, el abuso de los azules puede provocar fatiga y bajo rendimiento.

Una adecuada combinación de colores cálidos y frescos puede favorecer ciertas actividades. Por ejemplo, para un trabajo creativo en equipo puede resultar adecuado un tono fresco para las paredes, combinado con tonos cálidos como el amarillo en determinados elementos o accesorios para estimular la energía y la creatividad. Los grises, blancos o tostados de las oficinas se pueden complementar con otros colores más intensos para aportar un interés visual y estimular los estados de ánimo.

En general, para los trabajos monótonos se aconseja elegir colores estimulantes en determinados elementos del local, como puertas y mamparas. Para espacios donde se ejecuten trabajos que exijan una gran concentración se aplicarán colores neutros y claros. Normalmente este tipo de colores va bien para las paredes y los techos de las salas de trabajo, ya que los colores intensos provocan fatiga visual a largo plazo, por lo que deben reservarse para los espacios de tránsito o en los que se permanezca durante cortos periodos de tiempo.

La acústica

En el ambiente de trabajo hay que tratar de evitar tanto los ruidos excesivos como la monotonía, teniendo siempre en cuenta el tipo de tarea a realizar. El ruido puede proceder de las conversaciones, el teléfono y la maquinaria. Se considera que por encima de los 55-65 dB los ruidos ya resultan incómodos. Si la tarea requiere una mayor concentración, como el trabajo de oficina, pueden constituir un auténtico problema.

Se ha discutido mucho sobre si son preferibles las pequeñas salas de trabajo a las grandes. Por lo general, estas últimas ofrecen más posibilidades de interactuar entre los empleados, pero también tienen menos intimidad y generan más ruidos, por lo que dificultan la concentración.

Climatización

La climatización de los espacios de trabajo está relacionada con los tipos de tareas que se realizan en ellos. No será la misma para un trabajo sedentario que para una tarea que requiera un mayor esfuerzo físico.

Los factores que inciden en el ambiente térmico de un espacio son la temperatura, la humedad y la velocidad del aire, así como la temperatura de los objetos y las paredes. En las oficinas donde se desarrolla un trabajo sedentario se considera que las temperaturas apropiadas oscilan entre los 19-21 ºC en invierno y los 20-24 ºC en verano, la humedad relativa entre 40 y 60 % en invierno y verano y la velocidad del aire entre 0,15 m/s en invierno y 0,25 m/s en verano.

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