Todo comenzó por casualidad, aunque es cierto que no fue una decisión impulsiva. Era algo que ya había pensado desde que leí en un periódico digital un artículo donde se decía que la nuda propiedad estaba en auge.
Pues bien, hace unos años, me di cuenta de que entrar al mercado inmobiliario tradicional ya no era tan rentable como antes. Solo había que analizarlo un poco para comprobar que todo eran precios altísimos, márgenes ajustados y una competencia feroz. Fue entonces cuando me acordé de este reportaje, que hablaba de un concepto que en otros países ya tenía mucho éxito, pero que en España apenas comenzaba a ganar terreno: la nuda propiedad. Incluso me vi una película que estaba bastante bien y que os recomiendo.
¿Qué es la nuda propiedad?
Antes de contaros mi caso personal, vamos con una clase teórica. Pues en términos simples, comprar la nuda propiedad de un inmueble significa adquirir la propiedad del mismo, pero sin el derecho a usarlo o vivir en él. Ese derecho, llamado usufructo, lo conserva quien lo vende, normalmente una persona mayor que desea obtener liquidez sin tener que abandonar su hogar.
Es un acuerdo que, cuando se entiende bien, puede ser beneficioso para ambas partes. En este caso, el vendedor obtiene dinero inmediato para vivir mejor en sus últimos, y el comprador adquiere una propiedad a un precio muy inferior al de mercado, con la condición de esperar hasta que el usufructuario fallezca. Es cuestión de que la naturaleza siga su curso.
Es decir, que es solo cuestión de esperar, pero también es algo que viene bien a la otra parte. Normalmente son personas mayores que no tienen muchos recursos y que son incapaces de pagar una residencia. Este es otro tema, el precio elevado de estos lugares que daría para otro artículo.
Mi caso
Pero vamos con mi caso, entramos ya en la parte práctica. Yo tenía 37 años cuando tuve la ocasión de hacerlo. Era un piso en el centro de Madrid, bien ubicado, con buena luz, en un edificio antiguo pero con encanto. De esas zonas que ahora se han puesto tan de moda en la capital para hacer el tardeo.
La propietaria era una señora de 80 años, viuda, sin herederos directos, que buscaba tranquilidad económica para sus últimos años. Este es el perfil que más abunda. La operación se cerró por un 40% menos del valor estimado de mercado. Entonces, yo adquirí la nuda propiedad y ella conservó el usufructo vitalicio y un buen dinero ya en el banco para poder gastar en su vida, sobre todo en sentirse capaz.
Durante tres años, no toqué nada. A veces recibía noticias de ella a través de la gestora que había intermediado en el acuerdo. No había prisa: era una inversión a futuro, como quien planta un árbol sabiendo que dará sombra años después. Y la verdad es que la sombra fue muy rentable. Mereció la pena la espera.
Cuando la señora falleció, heredé, por así decirlo, el pleno dominio del piso. Legalmente, ya era mío en todos los sentidos. Y ahí empezó otra fase del plan que comenzó hace ya unos cuantos años.
Desde el primer momento yo no quería vender el piso, sino sacarle el máximo provecho. Así que contacté con una empresa de reformas integrales y me metí de lleno en la transformación del inmueble. De la mano de la empresa Sinexias modernizamos todo: suelos, fontanería, electricidad, cocina abierta, techos altos… Por supuesto que respetamos elementos originales como las molduras o las puertas de madera maciza, y creamos un espacio que mezclaba historia y modernidad.
Lo convertí en un apartamento turístico con encanto, y fue la mejor decisión porque si hay algo que ahora mismo es un boom es este tipo de concepto de turismo, aunque veo normal que muchas ciudades lo están regulando porque parece que se nos está yendo de las manos.
Hoy, con la gestión automatizada a través de plataformas y una empresa que se encarga de la limpieza y el mantenimiento, tengo una ocupación media del 85% anual y un rendimiento muy superior al alquiler tradicional. La verdad es que le estoy sacando un gran beneficio, algo que nunca pensé que fuera tan alto.
Como has podido ver, la nuda propiedad está en auge por varias razones. Pero sobre todo porque la población es cada vez mayor, y por la dificultad que tienen los jóvenes para encontrar vivienda, y la necesidad de liquidez entre los mayores.
Ahora mismo es una fórmula que cada vez tiene más adeptos. Lo hace en ciudades grandes como Madrid, Barcelona, Valencia o Málaga donde hay casas céntricas y población mayor. Si tienes la posibilidad de mirarlo, hazlo, no te vas a arrepentir.
