Residencias de ancianos de confianza

A veces en la vida hay que tomar decisiones, aunque sean duras. La última ha sido la de llevar a mi madre a una residencias geriátricas.  Tras mucho pensar hemos optado por estas residencias de ancianos en Barcelona. Se trata de 8 micro residencias en una donde, en cada planta, se trata una patología diferente. Su nombre es Benviure y aunque dura, la decisión ha sido la correcta. Lo primero que quiero decir que hay que huir de esa mentalidad de que llevar a un familiar querido a una residencia en dejarlo aparcado, porque lo que es, es darle una mejor calidad de vida.

En mi caso somos tres hermanos. Todos ellos con nuestro trabajo, nuestra familia y nuestra hipoteca que pagar. Mantuvimos una reunión para decidir qué hacíamos con mi madre, cuando falleció mi padre. Hasta ese momento él había sido su mejor apoyo, pero sin él, la vida de mi madre se iba a hacer muy cuesta arriba. Así pues, recorrimos unas cuantas residencias geriátricas en Barcelona y desde el primer momento lo tuvimos claro.

Aunque la costó, finalmente ella lo entendió. Sobre todo una vez que estuvo dentro y comprobó que una residencia no es ninguna cárcel. Me gustó ver su cara cuando comprobó cómo era su habitación. Tenía una cama eléctrica y articulada, con baño propio, timbre de llamada, video vigilancia y vistas al exterior, y más concretamente a la montaña de Barcelona. Pudo elegir entre individual o doble, pero ella prefirió estar sola. Aún recuerdo que me dijo “hijo, pero si esto parece un hotel, os tiene que costar mucho”. Me hizo gracia, y además la contesté la verdad: “esto es lo que tú te mereces después de lo que has hecho por nosotros”. Ah, y no es tan caro, los precios son de los más bajos comparados con otras residencias de ancianos en Barcelona.

Alimentación sana y equilibrada

Una de las cosas que más le preocupan era la comida. Pues bien, se quedó tranquila cuando le mostraron una gran cocina de más de 180 m2 en la que elaboran los platos más exquisitos. Y sobre todo, con limpieza y control diario de los alimentos. Sin embargo a mí me preocupa más su estado físico, por eso fue esencial el ver la sala de fisioterapia. Creo que son los ejercicios mejores para mantener en forma la mente y la cabeza. Con más de 125 m2 y dos paredes enteras de vidrio de seguridad, para que los más mayores disfruten de su fisioterapia diaria bañados en luz y claridad.

Por último, donde mejor se lo pasa es en el jardín y en los exteriores. Mi madre siempre ha sido de salir, de dar paseos junto a mi padre, y eso de meterse entre cuatro paredes sabía que no le iba a sentar nada bien. Por eso, me decidí por el Centro Benviure cuando vi sus exteriores. Dispone de una zona ajardinada independiente, cuidada minuciosamente, y amplias terrazas. Con una capacidad de más de 6.000 m2 de exteriores transitables para que los residentes y las visitas podamos disfrutar de toda la naturaleza en su máximo esplendor.

Un gran acierto, aunque como me dicen siempre los directores del centro, el principal valor de este sitio es su grupo humano. Médicos, enfermeras, auxiliares, geroculturas, fisioterapeutas, animadoras socioculturales, personal de limpieza o de cocina. Todos ellos son iguales y tratan a sus pacientes como familiares. Sinceramente gracias a todos.

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