No estaba muerto, ni siquiera estaba de parranda, solo estaba dormido, pero el susto de la familia de mi vecino tuvo que ser grande y difícilmente olvidable. Tras un largo rato intentando sin éxito abrir la puerta, llamando a su móvil y al teléfono de casa, se decidieron por buscar cerrajeros en Pamplona para poder entrar a la casa y ver qué pasaba. Las llaves estaban puestas por dentro y el truco de tirarlas con un golpecillo seco no funcionó. Ante la insistencia de las llamadas y la no respuesta, el susto creció y la preocupación ante cualquier tipo de incidente o problema de salud llevó a mis vecinas, su madre y hermana, que volvían de hacer unas gestiones y unas compras, a contratar a un cerrajero para poder entrar en su casa y comprobar si todo seguía bien o había ocurrido algo. La sorpresa fue mayúscula, aunque ciertamente agradable, al ver que su familiar solo estaba encerrado en la habitación durmiendo un sueño profundísimo del que no le sacaron ni el teléfono, ni el sonido estridente del timbre tocado repetidas veces, ni el vibrador del móvil en las múltiples veces que llamaron. El sueño y el cansancio que tenía era tal que no hubo quien lo sacase de ahí hasta que entraron a su habitación y lo removieron impacientes y un tanto preocupadas. Tanto que, al entrar en casa, de vuelta de trabajar en el turno de noche, se olvidó de quitar la llave de la cerradura, lo que habría evitado todo este ajetreo.

Este es uno de los muchos casos en los que el servicio de un cerrajero puede solucionarte una papeleta importante. Aún recuerdo la inquietud del hombre, que se acababa de recorrer media Pamplona para forzar una puerta, por saber qué había pasado con el joven que estaba dentro. En realidad, la tensión se había apoderado de todos los vecinos que estábamos allí, en el descansillo. Por suerte acabó con un final agradable, aunque por momentos el susto nos hizo pensar silenciosamente en alguna desgracia.

En este caso la cerrajería en Pamplona acudió a la llamada rápidamente y su trabajador consiguió abrir la puerta en muy pocos movimientos y en un tiempo que no debió de ascender los dos minutos, aunque pareciesen horas. “Llevo en la empresa desde que abrió, más de 25 años ya, y nunca había vivido una situación así”, decía el cerrajero cuando consiguió abrir la puerta y sus desesperadas clientas respiraron al ver que su hermano e hijo estaba bien y que solo se había dejado las llaves puestas, “algo que no hace nunca”, decían, como justificando su tensión y el susto que todavía trataba de escapar de su cuerpo.

Tener un buen servicio de cerrajeros a mano siempre puede venir bien. Ya no solo en casos de emergencia, sino para cualquier pequeño incidente menos urgente. En un negocio a pie de calle, por ejemplo, en el que la cerradura tiene que sufrir chicles, vertidos o hasta siliconas. En la última huelga general un vendedor de prensa del barrio colocó celofán sobre la cerradura para evitar que la silicona impidiese abrir al día siguiente. “Si yo voy a hacer huelga, no hace falta que me echen nada en la cerradura”, decía el hombre, un ilustre del barrio desde hace ya muchos años. La experiencia unos años antes le había hecho desconfiar desde que le colocaron un tapón en la cerradura para evitar que abriese el quiosco el día del paro. Ese fue el día en el que conoció a uno de los trabajadores de Cerrajería Vizcay, que tiene una de sus sedes justo a la vuelta de la esquina y fue a quiénes acudió al ver el desaguisado en su negocio. Desde entonces, una amistad les une, ya que muchos de los trabajadores de la empresa hacen sus encargos y compran su prensa en su punto de venta, que luce con varias pegatinas de la cerrajería por todas las esquinas.

Una puerta está diseñada para atravesarla, para que nada la bloquee. Se puede asegurar, por tanto, que el cerrajero trabaja por mantener viva y útil la esencia de las puertas. Para que nada nos impida seguir. Ni siquiera unas llaves en mal sitio.

Deja una respuesta